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domingo, 6 de octubre de 2013

Presencia

La forma más perfecta de amar es hacerlo sin necesitar ser dueño de lo que amamos, porque se destila la necesidad de correspondencia.

Te amo aunque no te tenga, aunque no me ames, por el puro placer de amarte, por la personal necesidad de saberte feliz sin la egoísta necesidad de creerme culpable de tu felicidad.

La costumbre de contremplar, si; al objeto amado para alimentar al corazón amoroso, la querencia y para mantenerse enamorado.

El testigo de virtudes y defectos, volverse insomne creyendo con sugestión que es inconcebible la belleza de la rosa sin espinas y que las asperezas del alma son indispensables para acariciar la gloria.

El paraiso de amar porqué sí; sin el capricho, con la conciencia, sin el empacho, con la sapiencia. Con el sabor de los labios sin antojo, con la saliva dulce, con el alma embelezada, eternamente insomne.
Quizá así ama Dios.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Exigencias

Me remojo los labios y trago saliva, no puedo ocultar ese enfado, ese mal humor inherente, esa enloquecedora ansiedad, anacrónica como yo mismo. Me enfada tanto el ver como se pierde tu vida en intrascendencias, tu indiferencia mordaz hacia el esfuerzo de soñar. Ese despreocupado derroche de tiempo, de ganas y de inconsciencias, mientras diluyes tu esencia en simplonas comedias.

Me da rabia porque te devalúas ante mis ojos, porque en mi vanidad fue un verdadero logro el construir un pedestal donde alojarte en mi pecho y defraudado reclamo una y otra vez al aire mi trabajo perdido. Porque me cuesta ignorar tus desvarios, tu inmadurez, tu somnolencia y esa tibieza, esa maldita tibieza que hoy es tu modo de vida.

No, no soy exagerado, ni es un ataque a tu libertad de ser nadie, porque si vemos un mundo decadente es porque cuando vimos viciado a alguien que amamos, nos callamos. No se trata de juzgar, ni de atarte al perfeccionismo; se trata de la tristeza de mirarte tan paciente ante la urgencia de tomar una posición firme ante la vida.

Ojalá comprendas como yo trato de hacerlo cada día, que la distancia no es un pretexto para estacionarnos y aunque vivamos rodeados de apáticos y aún sea mucha la hiel de extrañarnos, esa mutua admiración - que es todo lo quizá tuvimos - es tan inmortal como lo pueden ser esas ideas que defendemos a muerte.

Ignora esa fatal existencia mediocre, o termina de enterrarme a mi, indolente.

Y no me llames desde el sótano, que mucho me ha costado llegar al rellano de mi primer piso.

martes, 27 de agosto de 2013

Desorientado

Abro un poco los ojos y busco el reloj a tientas, en ese nativo desconcierto del que somos presos cuando nos entregamos al sueño a horas normalmente no dispuestas. Es tarde para comer y temprano para cenar pero poco importa cuando se siente el estómago vacío, pero sin apetito. Me vuelvo a recostar apoyando la mejilla izquierda a la almohada hundiendo la cara lo suficiente para no mirar con el ojo izquierdo. Luego miro mis libros, mis teléfonos, mi cortina verde.

Detesto el verde en la ropa, en la tela en general y me pregunto, cómo he sido capáz de vivir varios años con esa horrible cortina mientras trato de disipar la somnolencia, luego pienso en mis dolores sordos, la espalda y un dedo del pie, pero ya están serios, curados o latentes pero sin doler.

Advierto como pasan y pasan los minutos, mirando el reloj para venderme la necesidad de urgencia, de levantarse y caminar, moverse, "hacer algo de provecho" dice la gente, pero por más que miro sigo acostado pero más despierto.

Luego repaso mi día palmo a palmo con todos sus acontecimientos, como buscando la causa de la tristeza que me amarra a la cama. Momento, ¿Por qué cruzó por mi mente la palabra tristeza?, luego me vuelvo conciente de la desgana, del hastío de que el cansancio repentino no tiene una causa física más si emocional.

En pocos segundos torrencialmente cae una tormenta de ideas, sueño inapropiado, desgana, hastío, tiricia.

En las personales comedias de los que nos sentimos fuertes, esbozo una sonrisa después de la sorpresa, porque un solo instante me bastó para entender mi estado tan evidente.

Te extraño.

Y creo que no puedo evitarlo.